Vote pensando en el campo
Ad portas de terminar una de las más breves, pero apasionantes campañas electorales de los últimos tiempos, nos aprestamos a elegir al nuevo mandatario, motivados muy de lejos por tradiciones partidistas. Democracia, ideologÃa, preferencias programáticas y una renovada exaltación polÃtica, llevarán el fervor a las urnas y a romper la inercia de la abstención. La mayorÃa elegirá quizá de una vez por todas en esta primera vuelta y serán, justamente, las polÃticas públicas que se adopten en el siguiente cuatrienio, decisivas para nuestro desarrollo humano y nuestro destino económico y social.
El próximo inquilino del Palacio de Nariño deberá enfrentar una coyuntura nada halagüeña en algunos frentes, que dejan poco margen de maniobra. Está latente la turbulencia de los mercados financieros internacionales y el renovado interés en el campo en busca de salidas a problemas alimentarios, energéticos y ambientales. En el plano interno, está una agenda de inversión en ciernes, un crecimiento económico jalonado por sectores que demandan menos empleo, con un desempleo del 11,8 por ciento y graves dictámenes en pobreza, inequidad, salud, el frente pensional y el fiscal.
Particularmente crÃtica es la situación del sector rural. Seguimos ante el fracaso del modelo predominante en los últimos 25 años, con una merma importante en la generación de riqueza del sector agropecuario, responsable de la manutención de más del 80 por ciento de los hogares de la periferia. Condición que contribuye a explicar por qué la pobreza no disminuye e inclusive ha tendido hacia una mayor pauperización. Mientras que en el perÃodo comprendido entre 2001-2005 el crecimiento del rubro agropecuario fue del 13,3 por ciento, entre 2006-2009 éste apenas llegó al 7,7 por ciento.
Ha sido un crecimiento anti-pobre y anti-rural, si consideramos que los esfuerzos en inequidad se deben concentrar en el campo, que aglutina al 64,3 por ciento de las personas que malvive en el paÃs con 9.000 pesos diarios, de los cuales 29,1 por ciento es indigente. Son 10,5 millones de habitantes. El equivalente a un poco más de 2,6 millones de hogares. Desconsolador, en una zona que alberga en total 11,1 millones de moradores y que los indicadores han sido casi inamovibles desde 2002. En 2009 la tasa de pobreza en el campo estuvo 24,7 por ciento por encima de la que se registra en las cabeceras y a 18,8 por ciento de la nacional.
Ha sido un crecimiento anti-agropecuario que se niega, sistemáticamente, a reconocer que los efectos redistributivos de la actividad son inmensamente superiores a los que genera la minerÃa, hoy la gran vedette de la inversión. En el perÃodo 2005-2009 el agro contribuyó al crecimiento del PIB rural en un 63,8 por ciento. El porcentaje restante lo explicó el rubro de minas y canteras. Mientras el sector agropecuario genera aproximadamente el 18 por ciento del empleo total, el de minas llega al uno por ciento. El agro está muy por encima inclusive de los sectores urbanos como la industria, el transporte, la construcción o los establecimientos financieros, muchos de ellos con una alta concentración de riqueza.
El hecho relevante en esta apretada coyuntura, es que de las seis opciones presidenciales, no existe una que realmente dé respuesta integral al manejo del campo, a la urgente necesidad de dinamizarlo, en pos de las nuevas realidades que afrontará, de cara a su maltrecha competitividad. Quien asuma nuestros destinos, debe saber que necesitamos cambiarle la cara al campo. Ello debe pasar por el reordenamiento y transformación territorial y productiva y por saldar el conflicto del uso de la tierra, con miras a un desarrollo económico regional y nacional más equitativo, robusto, sustentable y competitivo. Hoy el campo está como está y por eso hay que votar pensando en el campo.
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Comentarios
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Vote pensando en el campo
FALSO POSITIVO SUPERIOR..............
FALSO POSITIVO SUPERIOR..............