Un tema para el debate presidencial

2010-05-02 00
lafaurie

Los buenos resultados de la banca nacional deslumbran. Su estabilidad causa celo en los países desarrollados donde los "activos tóxicos" aún infectan los balances y el PIB de sus economías, mientras el PyG de la nuestra registra ganancias históricas e inmejorables indicadores de solvencia. Tan buen negocio ha resultado que a finales de 2010 un grupo de aspirantes a bancos recibirá la bendición de la Superintendencia del ramo. Pero aquí, como al otro lado del Atlántico, se impone repensar el papel de los bancos como real correa de transmisión de riqueza y oportunidades para más y más ciudadanos.

La banca es una concesión del Estado a unos particulares para que administren bien los excedentes monetarios de unos sectores y llevarlos a apalancar expectativas empresariales y de bienestar material en otros. No ha sido enteramente así en las últimas décadas. Las reformas que Obama y el propio Sarkozy plantean la recuperación de su papel de prestamistas y que acudan menos a la especulación financiera.

Eso nos conduce a no dejar que este tema pase inadvertido en el debate presidencial, porque la fortaleza del sistema financiero en Colombia se erige en las barreras discriminatorias al crédito, concentración, altas tasas de interés y muy bajas rentabilidades para los cuentahabientes.

Para el sector ganadero la relación con la banca es francamente desestimulante. Una reciente encuesta de Fedegán señala que el 70% de los ganaderos no tiene acceso al crédito y presentan, en términos generales, pobres o casi nulos resultados de "bancarización".

Igual sucede en otros sectores: el 53% de los colombianos mayores de edad tiene una cuenta de ahorros, pero apenas el 5% maneja cuenta corriente y al 16% se le ha concedido un préstamo.

El microcrédito, pese a años de grandes esfuerzos, apenas llega al 3% en los adultos y a 4.785 pequeñas empresas, es decir al 0,4% de este segmento, que representa el 96% del total de las empresas y por lo menos el 60% del empleo en el país.

Entre tanto, la tasa de interés para consumo ronda el 23% en promedio en el último año, 11 veces la inflación y 20 puntos porcentuales por encima de la tasa del Emisor; el fomento, con tasas entre 15% y 16%, hace tiempo perdió su vigencia, salvo los créditos de AIS. Para no hablar del microcrédito, con tasas del 32% E.A.

Pero la política de riesgo del sistema no sólo restringe los fondos y conserva un costo oneroso para préstamos. También se niega a bajar sus rentas por el manejo de tarjetas crédito y débito o eliminar los cobros para operaciones por Internet o cajero electrónico. En contrapartida, sus tasas de captación por ejemplo para un CDT, no pasan del 4%, sin contar con las comisiones cobradas a los establecimientos comerciales.

Esta realidad explica el estancamiento de la cartera del sistema y el auge del mercado informal de agiotistas, además de que refutan la afirmación de Fogafín de que al 95% de los colombianos les falta cultura financiera. No. Es un problema de profundo calado ético en el sistema para transferir a los colombianos sus jugosos beneficios de los últimos años. Necesitamos socializar la riqueza y democratizar el crédito, y no sólo las pérdidas. Necesitamos muchísimo menos recursos de la banca invertidos en títulos valores de rentas seguras y más crédito para los ciudadanos de a pie y para los pequeños y medianos productores y empresarios. Necesitamos activar la demanda agregada y la inversión privada, si queremos terminar 2010 con saldos positivos en crecimiento y, por ende en empleo. ¿Será que el mundo hace estas reformas y nosotros nos quedamos en la penúltima moda…. como decía López Pumarejo?

Comentarios

Un nuevo profeta

Es una interesante lectura sobre la situación de la banca nacional, además muy pertinente para entender (personalmente) las transiciones desde Keynes, Friedman (Chicago Boys) incluso hasta Muhammad Yunus. Espero que por acciones de omisión no convirtamos a López Pumarejo en el Nostradamus de nuestra macro economía.



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