"Todo lo puedo en aquel que me conforta"

2010-02-07 00
Noticia

Padre Camilo Arbeláez

 

Especial

Manizales

 

Nos cuenta el Evangelio de San Lucas de este domingo que "la gente se agolpaba en torno de Jesús para oír la Palabra de Dios". Es que la palabra revelada siempre ha tenido vigencia.

La Palabra de Dios, como Cristo, es "de ayer, de hoy y de siempre" (Heb. 13,8). La Palabra de Dios no se gasta como la palabra humana, porque de suyo es "más penetrante que espada de doble filo" (Heb. 4,12); y en la medida en que se profundiza más en ella, se descubren caminos nuevos para el encuentro con Dios.

Por ejemplo cuando leemos en el Evangelio con espíritu de fe las parábolas, encontramos el llamado del Señor en "El Buen Samaritano" para hacer, como dijo Jesús al doctor de la ley, "lo mismo", es decir, para ejercer la misericordia con el hermano caído en desventura.

Recibimos también la invitación de atender a quien está "con hambre, desnudo, enfermo o en la cárcel", para poder recibir el premio y la bendición de Dios, como lo enseña el Maestro en "El Juicio de las Naciones".

Sentimos el llamado a convertirnos de corazón cuando meditamos el pasaje del "Hijo Pródigo", o mejor del "Padre Misericordioso", que recibe con gozo al hijo que retorna arrepentido a la casa paterna.

 

 

Y sigamos con el Evangelio que nos cuenta la orden dada por Jesús a Simón Pedro de echar las redes para pescar. Pedro le responde que toda la noche estuvieron en la faena sin ningún resultado pero, porque Jesús lo dice, y en su nombre, lanzarán de nuevo las redes. Entonces se da el prodigio de una pesca tan abundante que las redes se rompían.

Cristo lo dice en el Evangelio: "Sin mí nada pueden hacer" (Jn. 15, 5), pero en su mandato de lanzar de nuevo las redes nos está diciendo que Él no hará nada sin nuestro concurso generoso y esforzado.

Con ingenio le comentaba un campesino a su párroco: "esta finquita que tengo es de Dios y mía, pero si viera lo abandonada que estaba cuando la administraba Él solo". Es que Dios no desempeña el trabajo que le toca hacer al hombre, porque Él nos creó "a su imagen y semejanza" (Gen. 1,26), es decir, "nos creó creadores" y nos mandó a "dominar la tierra" (Gen. 1,28).

 

 

Y se presenta en el Evangelio la actitud humilde de Pedro que le pide a Jesús que se aleje por considerarse un pecador. Nosotros, al contrario, al sentirnos pecadores, necesitamos al Señor para sanarnos, para alcanzar su perdón y su misericordia. Digámosle sí, como Pedro, cabeza y fundamento de la Iglesia: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Solamente tú tienes palabras de vida eterna" (Jn. 6,68).

 

camiloarbelaez50@ hotmail.com

 

Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la Palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla.

Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que se alejara un poco de la tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescarâ€. Simón replicó: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redesâ€. Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: “! Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador ¡â€. Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: “no temas: desde ahora serás pescador de hombresâ€. Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor




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