Palabra de Dios
¿Ocupamos la tierra inútilmente?
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Padre Camilo Arbeláez
Especial/LA PATRIA
Manizales
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San Pablo en la segunda lectura de la Liturgia de este domingo les advierte a los Corintios algo muy importante: “El que crea estar en pie, tenga cuidado de no caer†(1Cor. 10,12). La verdad es que muchas veces pensamos como el fariseo de la parábola que “no somos como los demás hombres†y nos creemos de los buenos, quizás sin serlo tanto.
Olvidamos que dada la frágil condición humana podemos fallar, como se dolÃa el Apóstol cuando confesaba que hacÃa el mal sin querer y no hacÃa el bien que deseaba (Cf. Rom. 7,14). Por eso afirma que su fuerza venÃa de los Alto: “por la gracia de Dios soy lo que soy†(1 Cor. 15,10). Buena lección esta para caminar en la fe con todas las fuerzas del alma, pero sabiendo que necesitamos siempre la ayuda del Señor.
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El Evangelio nos trae la parábola de una planta, cuyos frutos durante años no se ven. ParecÃa mejor cortarla para que no ocupara espacio inútilmente en la tierra; pero el agricultor propuso abonarla, con la esperanza de que diera en su momento los frutos deseados.
Digamos que el tiempo de Cuaresma es propicio para que todos atendamos el llamado de Dios a la conversión: los que transitan los caminos del mal, los que hacen de la mediocridad espiritual un estilo de vida, y también los que por la gracia de Dios y con el esfuerzo propio, buscan hacer siempre el bien para acercarse a Dios con un compromiso más serio y más cristiano.
Muchas veces reflexionamos sobre la enmienda de la vida y hasta decidimos cambiar para encontrarle sentido y alcanzar la paz interior. Sin embargo no acogemos los medios necesarios para el cambio y todo se nos queda en buenas intenciones. Como se quejaba el poeta clásico Lope de Vega: “Mañana le abriremos respondÃa, para lo mismo responder mañanaâ€.
La conversión tiene que verse en obras. Lo dijo Jesús: “Por sus frutos los conocerán. El árbol bueno da frutos buenos, y el árbol malo los da malos†(Luc. 6,43).
Por eso necesitamos todos convertirnos para no perecer como los galileos aludidos en el Evangelio. Ser cristiano es vivir en estado permanente de conversión para dejar el pecado, para tomar más en serio nuestra vida y para emprender todos los dÃas el camino maravilloso, aunque cuesta arriba, del encuentro con Dios.
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En la historia de la Iglesia son innumerables los convertidos. Vayamos a los albores de la era cristiana para recordar a Pedro que niega a su Maestro, pero se duele luego de tal modo que Cristo lo elige como jefe y fundamento de su Iglesia; Pablo quien de perseguidor de los cristianos pasó a ser el más encendido Apóstol entregado del todo a la causa del Evangelio; MarÃa Magdalena, la mujer pecadora, purificada por su “mucho amorâ€; el Buen Ladrón que se arrepiente en el último momento cuando morÃa con Jesús en el Calvario.
Luego vendrÃan los grandes convertidos: AgustÃn, el gran pensador; el intrépido Ignacio de Loyola; Francisco de AsÃs, el “Poverelloâ€â€¦ Y tantos otros, conocidos o anónimos, que apostaron por Cristo para seguirlo porque “solamente él tiene palabras de vida eterna†(Jn. 6,68).
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De muchas personas se podrá decir lo del Evangelio: “¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?â€. Porque no quisieron servir a sus hermanos, porque no buscaron una razón para vivir, porque le pusieron “años a la vida y no vida a los añosâ€.
Camiloarbelaez50@ hotmail.com
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Lucas 13, 1-9
En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato habÃa mandado a matar a unos galileos, mientras estaban ofreciendo sacrificios, Jesús les hizo este comentario: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?.
Ciertamente que no; y si ustedes nos se arrepienten perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no y si ustedes no se arrepienten perecerán de manera semejanteâ€.
Entonces les dijo esta parábola: “Un hombre tenÃa una higuera plantada en un viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente? El viñador le contestó. Déjala todavÃa este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaréâ€.
Palabra del Señor
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