Las mejores amigas
2010-07-31 00
Casi todas vienen de pueblos en donde vivÃan mejor que aquÃ; no logro entender cuál es la fascinación con la ciudad, semejante monstruo que las aprieta y les enseña a las malas sobre la maldad y el desamparo. Algunas de ellas desplazadas por la violencia, pero creo que la mayorÃa se vinieron a las ciudades porque asà lo quisieron, por brutas, permÃtanme decirlo, pero también porque su deseo de darle a sus hijos mejor educación que la de ellas, es más grande que las calles que recorrieron para llegar a su casa ese primer dÃa de trabajo que llegaron tarde porque se perdieron en el bus. Algunas tienen tierrita de una “rienciaâ€, unas cuadritas o varias, con ganado y siembra. Dejan a la mamá allá sola en el único futuro que tienen, y le caen a una prima o amiga que vive en una pieza para que las ayude a conseguir el mismo trabajo de ellas con una familia. Por lo general ya tienen hijos, que se traen a guerreársela con ellas. Peor es cuando los dejan con los abuelos, a los que prometen -y cumplen- mandar plata; pero los muchachitos crecen sin que nadie les pare muchas bolas.
Por eso ellas se creen de la familia, porque están solas. Y eso es lo mejor que nos puede pasar. Si creemos que ellas pueden asumir el trabajo de la señora de la casa, alimentar, vestir y consentir a la familia sin que tengan derecho, por ejemplo, a ayudar con la decoración, estamos muy equivocados. Cuando con insistencia le cambie un objeto de lugar, no le peleé más a eso, déjelo donde ella lo puso, para que se sienta de la familia. Asà se lo dijo una amiga psicóloga a mi papá, que desde que se separó ha tenido empleadas bien particulares. Un dÃa encontró en la mesa de las fotos de la sala, una hermosa fotografÃa de su nueva muchacha, sonriendo ella a la cámara con ingenuo entusiasmo, en un marco rosado con moñitos. La amiga psicóloga le dijo a mi papá que no la fuera a quitar por nada del mundo, que la dejara ahÃ, junto a mÃ, porque significaba que ella sentÃa ser parte del hogar, y eso le garantizaba su lealtad y cariño.
Tuvo otra con la que compartÃan el gusto por los croissants. Cada semana él llevaba en el mercado estos deliciosos panecillos pero ella nunca se los servÃa y a él siempre se le olvidaba decirle. Hasta que un dÃa se acordó y le preguntó por qué nunca le habÃa dado uno solo, y ella asombrada le contestó ¡Yo no sabÃa que al doctor le gustaban!
Son tan ingenuas, que nos quieren; las llenamos de pelles que nos sobran y ellas salen felices, aunque no den las gracias. Nos ven gastando plata con la que ellas podrÃan solucionar la mitad de sus problemas, en cosas innecesarias y ridÃculas, y otras que hasta se nos olvidan, y no nos aborrecen ni nos desean el mal. Por el contrario, nos sirven bien, en la intimidad de una casa que no es la de ellas.
Propongo establecer el próximo lunes dos de agosto el dÃa de la empleada del servicio. Si quiere que ella le dé las gracias por el regalo, dÃgale que le paga el dÃa pero que no tiene que venir a trabajar. Sé lo que está pensando: un lunes sin muchacha, ni riesgos, empecemos el martes. Pero no se puede porque el lunes es mi cumpleaños y para mà serÃa un honor que a partir de ese dÃa les empecemos a pagar por hacer lo que hacen en más de ocho horas de trabajo, algo como lo que cobran en Estados Unidos por ir dos horas a hacer el aseo. Claro que allá no incluye la comida.
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