La transformaci贸n de la vida
La Carta de San Pablo a los Filipenses nos recuerda que 鈥渟omos ciudadanos del cielo鈥, y aunque peregrinos en la tierra, guardamos la esperanza de la futura resurrecci贸n con Cristo para tener 鈥渦n cuerpo glorioso como el suyo鈥. Todo esto a condici贸n de mantenernos fieles al Se帽or (Filip.3). NOTICIA
Padre Camilo Arbel谩ez
Manizales
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La Carta de San Pablo a los Filipenses nos recuerda que 鈥渟omos ciudadanos del cielo鈥, y aunque peregrinos en la tierra, guardamos la esperanza de la futura resurrecci贸n con Cristo para tener 鈥渦n cuerpo glorioso como el suyo鈥. Todo esto a condici贸n de mantenernos fieles al Se帽or (Filip.3).
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El Evangelio de este domingo segundo de Cuaresma nos narra el pasaje de la Transfiguraci贸n del Se帽or en lo m谩s alto de una monta帽a, a cuya cumbre subi贸 con sus disc铆pulos Pedro, Santiago y Juan. De pronto, se llen贸 Jes煤s de resplandor y aparecieron dos profetas notables del Antiguo Testamento: Mois茅s y El铆as. Pedro y sus compa帽eros estaban rendidos de sue帽o, pero los despert贸 la gloria de Jes煤s transfigurado. Lleno de entusiasmo, Pedro, primario y espont谩neo como siempre, y olvid谩ndose de s铆 mismo y de sus compa帽eros, le propone al Maestro quedarse del todo en aquel lugar maravilloso. Aparte de su buena intenci贸n 鈥渘o sab铆a lo que dec铆a鈥. Despu茅s una nube los cubri贸 mientras se o铆a la voz del cielo: 鈥溍塻te es mi Hijo, el escogido; esc煤chelo鈥.
Veamos entonces unas aplicaciones para la vida espiritual que nos trae la Palabra de Dios.
Podr铆amos decir que Pedro, sin quererlo, le pone a Jes煤s una cuarta tentaci贸n: la de permanecer en las alturas luminosas cuando le faltaba todav铆a un largo y penoso camino por recorrer. Primero deb铆a llevar por todos los confines la 鈥渂uena noticia鈥 de la salvaci贸n, mientras acog铆a la cruz afrentosa despu茅s de padecer tanto, que fue llamado por el profeta 鈥渧ar贸n de dolores鈥 (Is. 53,3). Jes煤s sab铆a muy bien que para llegar a la luz, hay que pasar antes por la cruz que purifica.
Todos estamos llamados a transformarnos y lo vamos consiguiendo cuanto nos decidimos a dejar las sendas del mal en que estamos, cuando salimos de la mediocridad y de la rutina que 鈥渘os va destruyendo todos los d铆as por fuera y por dentro鈥, cuando apostamos por el bien aunque el des谩nimo y el cansancio traten de agobiarnos, porque el medio en que vivimos nos invita a declinar en los buenos prop贸sitos; cuando nos decidimos a seguir la f贸rmula que daba San Pablo a los fieles de Roma: 鈥淣o te dejes vencer por el mal, antes vence el mal a fuerza del bien鈥 (Rom. 12,21).
Nos transformamos cuando volvemos o nos acercamos m谩s a Dios en el Sacramento de la Reconciliaci贸n. En el momento en que confesamos nuestras miserias y pecados, tenemos la certeza de ser acogidos con misericordia y con amor por un Dios que es un Padre bueno, como Jes煤s nos ense帽贸 a llamarlo.
Nos transformamos cuando como 鈥渆l hijo pr贸digo鈥 de la par谩bola, damos los tres pasos fundamentales de toda conversi贸n: una reflexi贸n en profundidad, 鈥渃u谩ntos jornaleros en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aqu铆 me muero de hambre鈥; una decisi贸n con fortaleza, 鈥渕e levantar茅, ir茅 a mi padre y le pedir茅 perd贸n鈥, y por 煤ltimo cuando con esfuerzo y sacrificio emprendemos el camino de retorno a la casa paterna.
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Al reconciliarnos con Dios sentimos el alma en expansi贸n por la gracia recuperada o aumentada. La paz interior prevalece, no obstante problemas infinitos y renace la esperanza. Entonces podremos entender la expresi贸n de San Agust铆n en su b煤squeda de Dios: 鈥淵o te buscaba fuera, y t煤 estabas muy dentro de m铆鈥.
camiloarbelaez50@ hotmail.com
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Lucas 9,28-36
En aquel tiempo, Jes煤s se hizo acompa帽ar de Pedro, Santiago y Juan, y subi贸 a un monte para hacer oraci贸n. Mientras oraba, su rostro cambi贸 de aspecto y sus vestidos se hicieron blancos y brillantes. De pronto aparecieron conversando con 脡l dos personajes rodeados de esplendor: eran Mois茅s y El铆as. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusal茅n. Pedro y sus compa帽eros estaban rendidos de sue帽o, pero despert谩ndose, vieron la gloria de Jes煤s y de los que estaban con 脡l. Cuando estos se retiraban. Pedro dijo a Jes煤s: 鈥淢aestro, ser铆a bueno que nos qued谩ramos aqu铆 y que hici茅ramos tres chozas: una para ti, una para Mois茅s y otra para El铆as鈥, sin saber lo que dec铆a.
No hab铆a terminado de hablar, cuando se form贸 una nube que los cubri贸; y ellos, al verse envueltos por la nube, se llenaron de miedo. De la nube sali贸 una voz que dec铆a: 鈥溍塻te es mi Hijo, el escogido, esc煤chenlo鈥. Cuando ces贸 la voz se qued贸 Jes煤s solo. Los disc铆pulos guardaron silencio y por entonces no dijeron nada a nadie de lo que hab铆an visto.
Palabra del Se帽or
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