La ortodoncia electoral
2010-03-01 00
El recorrido por las avenidas de las ciudades da la idea de que se est谩 promocionando un concurso de belleza para hombres y mujeres, una feria de modas o una telenovela.
Las excepciones confirman la regla; y son muy pocas, a decir verdad. En esto podemos decir como el jerarca de una 鈥渟ucursal鈥 de la Inquisici贸n, seg煤n Indro Montanelli en su libro Historia de la Edad Media, quien condenaba a morir a todos los acusados, argumentando que dejaba en manos del Se帽or la escogencia de los inocentes. En el caso de los congresistas buenos, 鈥減or los hechos los conocer茅is鈥.
Al ingrediente, perverso, por dem谩s, de los altos costos de las campa帽as pol铆ticas, cuya financiaci贸n es un misterio en la mayor铆a de los candidatos, hay que agregar la frivolidad con que se toma la pol铆tica, que m谩s que propender por la soluci贸n de los problemas de la comunidad, busca financiar la supervivencia econ贸mica de los candidatos. O mejorarle la pensi贸n de jubilaci贸n a algunos, que est谩n en los l铆mites del tiempo y la edad y buscan hacerse elegir senadores o representantes, sin importar los torcidos que sea necesario hacer, para quedar con una mesada cercana a los 20 millones de pesos.
Es melanc贸lica la degradaci贸n de la democracia, convertida en una feria de vanidades, corruptelas y apariencias, mientras los problemas sociales crecen, como 鈥渓as sombras cuando el sol declina鈥, para meterle algo de poes铆a a la triste realidad.
Apenas asoman en el horizonte de la pol铆tica tenues posibilidades de cambio, cuando aparecen dirigentes j贸venes que derraman gotas de esperanza sobre el Congreso Nacional, del que se creen due帽os los 茅mulos del doctor Gerlein, por ejemplo, que se fosilizaron en la curul. El problema es que son muy pocos y la juventud capacitada y decente por lo general es ap谩tica con la pol铆tica.
Hay que celebrar, entonces, la aparici贸n del movimiento de los universitarios bogotanos que demandaron la inscripci贸n de candidatos inhabilitados, para que se les cancele la inscripci贸n, antes de que sean elegidos y pierdan su investidura cuando ya han cobrado a帽o y medio o dos a帽os de sueldos, m谩s las extras que perciban ayud谩ndoles a sus amigos a conseguir negocios con el Estado.
Desde esta modesta tribuna se insistir谩 hasta el cansancio en la idea de que el ejercicio pol铆tico debe comenzar en las bancas universitarias. Profesores, rectores y decanos deben ser formadores de empresarios, cient铆ficos y dirigentes, y no de mendicantes de puestos, avasallados por gamonales pol铆ticos, mafiosos y capitalistas sin sentido social.
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