La cr贸nica de los Inmigrantes
El infatigable genealogista Luis 脕lvaro Gallo Mart铆nez hizo un alto en la exploraci贸n de los or铆genes de los apellidos para sumergirse en otro rico fil贸n bien llamativo: las familias que inmigraron a Colombia entre los siglos XIX y XX.
En su prolija investigaci贸n, reunida en un robusto tomo de 500 p谩ginas, el autor advierte que no est谩n todos los extranjeros, pero es una base muy representativa que cada d铆a va completando.
Gallo relata que muchos de los for谩neos que llegaron al pa铆s lo hicieron por diversos motivos. La gran mayor铆a hu铆a de la guerra en su lugar de origen, raz贸n por la cual no dej贸 rastro al salir precipitadamente para salvar el pellejo y buscar nuevos y m谩s tranquilos horizontes para sus seres queridos.
Se帽ala que otros se establecieron en peque帽as poblaciones, en las que quedaron sus hijos y descendientes, pero nadie ha contado su historia. La huella se perdi贸 y es dif铆cil seguirla. Est谩 seguro de que en cada pueblo nuestro hay un extranjero y tocar铆a recorrerlos uno a uno para encontrarlos.
El fundador y actual presidente de la Academia Colombiana de Genealog铆a plantea en el prefacio de su monumental ensayo que han sido pocos los extranjeros llegados a Colombia con miras a establecerse en forma definitiva, salvo unas dos inmigraciones en grupo: la japonesa afincada en el Valle del Cauca (atra铆da por la belleza de la novela La Mar铆a, de Jorge Isaacs Ferrer), despu茅s de la I Guerra Mundial, y la de los lituanos (los parientes del ex candidato Antanas Mockus Sivicas), tras la II Guerra Mundial.
La mazorca del Medio Oriente empez贸 a desgranarse, en forma individual, aunque numerosa, con la llegada de los turcos, denominaci贸n que arropa a sirios, palestinos, libaneses y 谩rabes en general. H谩biles comerciantes, instituyeron en ciudades y pueblos las ventas puerta a puerta y los cr茅ditos a plazos, mediante abonos semanales, quincenales o mensuales. (En el muy efectivo fiado a domicilio entraron luego en competencia los jud铆os).
Cuenta el maestro Gallo que los ingleses y todo su conjunto, venidos a explotar las minas de oro en las zonas de Marmato y Sup铆a (occidente de Caldas) no constituyeron una inmigraci贸n en masa, a pesar de la trascendencia para el desarrollo de la incipiente econom铆a de la regi贸n. Los brit谩nicos llegaron solteros y los que decidieron quedarse -porque se arruinaron o se ama帽aron- formaron hogares con nativas o con hijas de hogares mixtos armados por los mismos t茅cnicos en el campo aur铆fero. De Francia y Alemania tambi茅n vinieron m茅dicos generales y t茅cnicos en miner铆a contratados por la corona espa帽ola. Con la llegada de los Borbones al poder se facilit贸 la inmigraci贸n de los ib茅ricos a la Nueva Granada de entonces.
Inmigraron a Colombia despu茅s de la emancipaci贸n representantes comerciales de Europa y expertos en transportes, primero fluviales, para atender la navegaci贸n por los r铆os Magdalena, Atrato y Sin煤 y despu茅s para la construcci贸n y operaci贸n de los Ferrocarriles Nacionales. (Para gran verg眉enza del pa铆s, hoy no existe, no funciona, ninguno de los dos medios).
El investigador se detiene en un punto importante de lo que fue la inmigraci贸n en la transici贸n de los dos siglos precedentes:
鈥淧ara el corte entre los siglos XIX y XX, y por la desintegraci贸n del Imperio Turco Otomano, viene a nuestra Colombia un grupo muy variado de sirios, palestinos, libaneses y en general del Medio Oriente que por su pasaporte los llamamos con el calificativo de 鈥渢urcos鈥. Una curiosidad: en este grupo algunos llegan con mercanc铆as con las cuales inician negocios, e incluso vuelven a Europa para reponer existencias. Por esta misma 茅poca llegan los jud铆os de Curazao que se instalan en la costa norte y en la frontera de C煤cuta con Venezuela, que era el puerto proveedor de productos llegados del viejo continente鈥.
Por falta de espacio quedan en el tintero los inmigrantes de otras nacionalidades, como los arquitectos italianos, que tanto tuvieron que ver con la construcci贸n de edificios y monumentos que hoy son considerados patrimonio nacional, en ciudades como Manizales, Medell铆n, Bogot谩, Popay谩n, Cali y Cartagena.
La apostilla: La inmigraci贸n 谩rabe fue de tales proporciones en ciudades y pueblos coste帽os que, en sus tiempos juveniles, el escritor David S谩nchez Juliao (el pap谩 de 鈥淓l Flechas鈥 y 鈥淓l Pachanga鈥) le modific贸 el nombre a su ciudad natal: dej贸 de llamarla Lorica, a secas, y la puso Lorica Saudita. 聽
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