Hasta aquí vamos bien

2010-07-12 00
opinion

Los nombramientos ministeriales que hasta ahora ha hecho el presidente electo, Juan Manuel Santos, son prometedores. Lo primero que se destaca es que las personas escogidas no tienen vocación de subalternos incondicionales y conocen las materias con las que tendrán que enfrentarse. El designado Ministro de Hacienda, doctor Echeverri, es un académico práctico, con sensibilidad social, distinto a los tecnócratas que manejan cifras, pero jamás se han bajado de sus pedestales a untarse de pueblo. Lego en la materia, leo sus escritos habituales en la prensa, los entiendo -lo que ya es mucha gracia- y capto su filosofía de economía social.

A Germán Cardona le espera una tarea descomunal en el Ministerio del Transporte, que tiene que ver con el déficit en vías para la competitividad, de lo que se está hablando desde el gobierno de Gaviria -1990-1994-, y con la corrupción y la ineficiencia en la contratación, que le cuestan al país sumas incalculables. Todo por favorecer a contratistas que no tienen capacidad técnica ni financiera para desarrollar macroproyectos -y ni siquiera proyecticos-, pero sí tienen políticos influyentes que les consiguen los contratos. De Germán Cardona conocemos muy bien su carácter, su honestidad, su independencia política y su capacidad técnica y ejecutiva. De los mandos medios, ¡líbralo, Señor!

De otros personajes escogidos no me ocupo, porque no sé de ellos nada. Pero confiamos los colombianos en que estén en la misma línea de los anteriores. El que también vale la pena destacar es Juan Camilo Restrepo en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, porque éste ha sido el patito feo del actual gobierno y el doctor Restrepo sí sabe de eso. Además de que es un personaje de talla presidencial, con larga experiencia administrativa, diplomática y parlamentaria, ajeno a influencias politiqueras.

Da grima ver que los campos colombianos están improductivos, ocupados con ganadería extensiva y cultivos de largo plazo, o abandonados, mientras que los campesinos desplazados agonizan de hambre en las ciudades y se importan millones de toneladas de alimentos. Todo porque los encargados de devolverles a los campesinos las tierras que les arrebataron guerrilleros, mafiosos y paramilitares se han dejado enredar de leguleyos, les temen a las amenazas de los testaferros o están vendidos; o dilatando los procedimientos para conservar el puesto.

El doctor Juan Camilo sabe que la Ley de Tierras -"La tierra para el que la trabaje"- data del siglo XIX; que la defensa de la misma le costó la vida al general Rafael Uribe, porque fueron los terratenientes los que lo atajaron cuando podía llegar al poder; que en el primer gobierno de López Pumarejo -1934-1938- se desempolvó dicha ley; y en el segundo -1942-1945- se volvió a engavetar. El Ministro puede, -¡por fin!- hacerle justicia al campo colombiano y reivindicar la idea de que el nuestro es un país agrícola. Magna tarea, pero el recién nombrado sabe cómo se hace.




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