Errores que cuestan

2010-03-23 00
opinion
El país con frecuencia confunde o tiende a confundir el debate cuando están en juego grandes intereses políticos. El asunto de los whiskies el día de las elecciones, hecho cierto, puede ser la parte visible de un asunto de más gravedad: el colombiano de a pie prácticamente se acostaba con la certidumbre de los escrutinios el día de las elecciones. No guardaba dudas sobre los resultados. El 14 de marzo la situación fue diferente. ¿Se le puede adjudicar a unos drinks? Creo que no. Hay otros interrogantes que deben ser tenidos en cuenta, para tener claridad sobre qué cosas cambiaron para mal.
Un país como el nuestro, que ha vivido surcado por las más diversas formas de violencia, no puede bajo ningún punto de vista, permitir que se adelgace la confianza en el sistema electoral que, con todo y sus imperfecciones, había venido avanzando y dando cada vez mejores resultados tras la promulgación de la Constitución de 1991. Antes bien, amerita un nuevo consenso para consolidar sus indudables progresos y limar sus distorsiones, para garantizar no sólo un pronto resultado el día de los comicios, sino un sufragio más puro y transparente, ajeno a vicios y prácticas que afectan la voluntad del elector. En otras palabras, volver a contar con un dato pronto, transparente y creíble, cerrándole espacios a la corrupción que se cierne desde las prácticas deshonestas de los distintos agentes políticos el día de las elecciones, hasta situaciones indeseables por parte de quienes tienen la responsabilidad de entregar pronto y de manera limpia y eficaz, un resultado.
Desde luego que la Registraduría tendrá que explicarle a los ciudadanos -a quien se debe-, y a las autoridades competentes, sus infortunadas decisiones, empezando por la selección objetiva de contratistas para un proceso tan dispendioso y delicado como los escrutinios. El contrato interadministrativo, mediante el cual se adjudicó la sistematización del proceso a UNE-EPM -luego de 20 años con “Sistemas y Cómputosâ€- debió generar al menos algo de inquietud al Registrador. No dudamos de la experiencia en materia de conectividad de una empresa tan respetable como UNE, pero la integración de soluciones con terceros privados evidenció que su expertis no se hizo extensivo al proceso electoral. 
Pero es más, al margen de sus propios intereses, el señor Navas, gerente de Sistemas y Cómputos, dijo que hubo un reiterado incumplimiento por parte de UNE y ahorros injustificados, y aseguró, en declaraciones para la prensa, que en las elecciones del 2006, él adelantó de manera exitosa los mismos procesos que hizo UNE en esta oportunidad, pero con dos importantes agregados: menor costo, 25 mil millones frente a más de 95 mil millones, y lo hizo muy bien.
Y de contera, como si ya lo anterior no fuera suficiente, se sumaron las dificultades de muchos colombianos para entender por quién votar y cómo hacerlo asertivamente. ¿Cómo reparar el desencanto de más de 1,9 millones de colombianos que ejercieron un derecho constitucional, pero que a la postre no le fue garantizado ni resguardado? Por todo lo anterior, la Organización Electoral en su conjunto, con el Consejo Nacional Electoral a la cabeza, como máxima autoridad, tendrá que revisar lo sucedido. Faltó, sin duda, pedagogía y diseño del tarjetón electoral, causante del abultado número de sufragios nulos e inválidos de la jornada.
Nuestra democracia requiere capitalizar esta coyuntura, en un nuevo consenso con todos los partidos y movimientos políticos, para reformar el sistema electoral. Como decía Harry Truman: una de las virtudes de la democracia, es que sus defectos siempre son visibles, y en los procesos democráticos pueden señalarse y corregirse. A eso debemos apuntarle.



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