Empel贸tese y triunfe

2010-01-25 00
Empel贸tese
Cuando aludo a 茅pocas lejanas, para comparar situaciones o costumbres, mi amigo don Agapito levanta la cabeza, la tuerce hacia un lado y exclama: uhhhhhhh鈥 Habl谩bamos alg煤n d铆a del cine de nuestra infancia y primera juventud, verdaderamente ingenuo y simpl贸n, comparado con lo que se ve ahora, tanto en la pantalla grande como en la chica. Y qu茅 decir de las pel铆culas de alquiler, para solaz de solitarios y morbosos, que har铆an sonrojar a Bocaccio, el autor del Decamer贸n, y a Alberto Moravia, cuyas novelas tienen una crudeza a veces repugnante.
Cuando yo era ni帽o -y otra vez don Agapito exclama uhhhhhh鈥- lo m谩s grave que pod铆a pasar en una pel铆cula de amor era que el gal谩n, Antonio Bad煤 o Pedro Infante, le diera un beso apasionado a la novia, Ana Bertha Lepe, por ejemplo, cuyos escotes hac铆an las delicias de los adolescentes; o la sentara en las piernas, cuando oficiaba de cantinera. En estos casos, si uno iba a ver la pel铆cula con la mam谩, 茅sta le tapaba los ojos, mientras pasaba la escena que consideraba muy 鈥渃ruda鈥.
Poco a poco el cine ha evolucionado hacia temas cada vez m谩s audaces, en cuanto a sexo se refiere, y a destape de las actrices. Los hombres s铆 mantuvieron su pudor, desnudando apenas el torso de vez en cuando, para exhibir la musculatura. Hasta que la liberaci贸n femenina y la publicidad agresiva obligaron a los varones a empelotarse, en aras del rating, que es ahora el dios de la televisi贸n y el cine. Lo que digan los actores o el tema de que trate la pel铆cula son irrelevantes. Lo que vende es el empelote. Que se promueve en las revistas de far谩ndula, en cuyas car谩tulas aparece un tipo desnudo, enredado como un bejuco en Alejandra Borrero, o montado en bicicleta. Esas fotos inducen a las mujeres a no perderse las telenovelas, no por la escenograf铆a, el argumento, los efectos especiales, la m煤sica o la fotograf铆a, sino por ver a un 鈥減apacito鈥 en almendra. Lo m谩s grave de esta situaci贸n son las comparaciones futuras con el novio o con el marido, a quienes empiezan las viejas a mirar con resignaci贸n, casi con l谩stima.
Hasta hace poco lo m谩s audaz que exhib铆an los hombres del espect谩culo era la entrepierna de los toreros, cuyo abultamiento algunas se帽oras ingenuas cre铆an que eran las pilas del traje de luces. Pero la sociedad de consumo, que es implacable, impuso el desnudo para los varones, en el teatro, el cine, la televisi贸n y el modelaje, porque vestidos no atraen p煤blico femenino, que es el m谩s novelero y comprador. Eso de que un tipo, aspirante a protagonizar pel铆culas o telenovelas, tenga cultura, personalidad actoral o fuerza dram谩tica, no vale nada. Tiene que ser bronceado, medio canoso, de ojos de ensue帽o, barba rasa, musculatura de atleta鈥 y estar dispuesto a empelotarse, o no triunfa. 鈥淐ostumbres tan distintas y edades diferentes鈥, dijo el poeta, a quien invocamos para explicar el fen贸meno. Y otra vez don Agapito exclama: uhhhhhhh鈥