El ritual de la muerte
2010-07-31 00
El Tinku es una tradición cultural boliviana, pero es impactante para quienes no la conocemos o la hemos vivido. Igual sucede con las corridas de toros: impresiona a aquellos que desconocen su "duende", que es el rito de la muerte. Y no es fácil explicar o justificar la muerte de un animal cuando hay leyes que condenan la crueldad y la tortura, y se habla de normas ético-biológicas.
Personajes antitaurinos, como el periodista Daniel Samper Ospina, dicen que justificar que las corridas son arte es como decir que "el canibalismo es gastronomÃa". No, el canibalismo -como lo han explicado varios arqueólogos y estudiosos de la psiquis humana- es un acto ritual. Desde la mesoamérica y sudamérica prehispánica hasta la polinesia el consumo de carne humana ha estado vinculado a ceremonias y actos religiosos. Hasta hace muy poco hubo tribus antropófagas en las selvas de Tailandia y recuerdo un documental en el que mostraban aun viejo guerrero antropófago y cortador de cabezas que -ante la llegada de la civilización a su pueblo- redujo su "barbarie" a unos tristes movimientos simbólicos, pero sin trascendencia, dentro de un sala comunal. Como el toreo de salón.
Los defensores de los toros, como el periodista Antonio Caballero en su columna de El Tiempo del miércoles 28 de julio de 2010, piden la no "antropomorfización de los animales", de no "humanizarlos" para que las leyes del hombre los cobijen. Pero fallan al argumentar que el toro bravo siente "placer" al combatir. ¿Acaso eso no es otorgarle una cualidad humana a la res? El toro de lidia embiste por instinto, por genética, por naturaleza, no porque le place.
Los argumentos -a favor y en contra- siguen. Que el animal sufre: cierto. Que es una fiesta ancestral: cierto. Que a los toros los torturan antes de sacarlos al ruedo: si es una tortura ser consentidos en el campo, lejos del ruido y del fastidio del hombre, pues es cierto. Que el toro es un animal manso al que provocan: falso, quien dice eso no sabe o ha visto lo que es un toro de lidia. Que el Hospital Infantil dejará de recibir ingresos importantes: cierto. Que la Feria de Manizales perderÃa un gancho importante: cierto, y si seguimos en la tónica de prohibir espectáculos de contenido erótico, popular o contemporáneo terminaremos con una Feria donde tendremos que poner a desfilar a los azucenos y a doña Luz Marina Zuluaga. Que las corridas en Cataluña se acabaron porque son un espectáculo que degrada al animal: falso, lo hicieron por polÃtica, por su afán de ser una comunidad independiente y diferente a la de la capital (Madrid).
Que es arte: sÃ, pero no a todos les gusta o entienden el mismo arte. Yo no entiendo el sentido de muchos performance y son considerados arte. Uno de los textos más leÃdos y consultados de la historia es El arte de la guerra de Sun Tzu y todos los dÃas hay marchas antibélicas en el mundo y en ninguna he escuchado que quieran vetar o quemar el libro. Â
Que el toro bravo desaparecerÃa si las corridas se acaban: no creo; igual pueden convertirse en una especie protegida como el panda o el gorila de lomo plateado. Pero los verÃamos igual de aburridos en un zoológico o en un documental donde un cientÃfico se harÃa pasar por torero para interactuar con el toro... y morirÃa como ese tipo que se hizo pasar por oso grizzly. Y si se extinguen lo harán por causas naturales como le sucedió a los dinosaurios y nos sucederá a nosotros. O morirán por nuestra intervención, como sucedió con el dodo o el tilacÃn, pero más de la mano de los proteccionistas que de los ganaderos o los matadores.
Los antitaurinos apelan a la inteligencia de las personas para que no asistan a las corridas. Valgo esas arengas a las afueras de la plaza de toros cuando les hagan pruebas de coeficiente intelectual a los taurófilos y a los antitaurinos, y a los hinchas del fútbol, del hockey o del canotaje. Porque el tema no es de inteligencia, es de gustos y de pasiones.
Como mencioné antes, las corridas son una celebración del tánatos. Son un ritual que se asemeja a la vida, con sus momentos crueles, de lucha y de estética, que inevitablemente conducen a la muerte. No es por justificar su violencia (que por supuesto la tiene), es un cuestionamiento a una generación que se acostumbró a ver la muerte en televisión; impoluta, cinematográfica y a distancia. Que creen dimensionar el dolor de un toro, pero no hacen los mismo con las vÃctimas de las masacres de los narcoparamiliares o la guerrilla. Porque el ritual de la muerte, en estos casos, cambió para ser una simple cifra.
Las corridas de toros van a cambiar como las conocemos hoy en dÃa, por ley o por simple evolución, pero no creo que vayan a desaparecer. Quedarán reductos de personas que celebren la muerte y su violencia, como lo hacen los bolivianos de Potosà y Oruro. Â
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