El hombre buscador de la felicidad

2010-02-14 00
Noticia

Padre Camilo Arbeláez

Especial

Manizales

 

El Evangelio de San Lucas nos propone unas “Bienaventuranzas†o formas de alcanzar la felicidad, bien difíciles de entender y de aceptar desde una perspectiva meramente humana. Para nosotros como cristianos sigue siendo importante darle a los bienes de la tierra el valor relativo que tienen, porque son apenas un medio, que correctamente utilizado, nos sirve también para llegar a Dios. El salmista nos advierte que: “si crecen las riquezas, no se les dé el corazón†(Salmo 61,11).

Por eso es oportuno pensar en la felicidad que todos necesitamos y buscamos. La verdad es que la inclinación apareció en nosotros desde cuando nos abrimos a la vida con el uso de la razón y buscábamos la felicidad, aunque con ella entre las manos, porque teníamos la pureza de corazón, porque sentíamos la vida en abundancia, porque manteníamos la admiración y el asombro ante la creación que se abría a nuestros ojos de niños.

Fuimos creciendo y con los años sentimos que el ansia de felicidad se aumentaba y tratamos de conseguirla en distintos lugares y de diversos modos, sin encontrarla de veras.

Pensábamos quizás que estaba en el dinero conseguido a toda costa, o en la profesión exitosa o en la pasión sin mesura o en la prestancia social, o en una serie de cosas que deslumbran de entrada, pero que no llenan el alma. Lo decía el poeta Antonio Machado refiriéndose a la avidez de algunos: “no gozan con lo que tienen, por ansias de lo que esperanâ€.

Para esta situación de búsqueda, no proporcionada a lo que realmente encontramos, hay una explicación bien elemental y sencilla: es que el deseo de felicidad es infinito mientras que lo obtenido es siempre limitado, con lo que se aumenta la búsqueda y se crece también la desilusión.

Así la distancia se vuelve mayor entre lo que se quiere y lo que se obtiene. El escritor José María Cabodevilla afirma: “el hombre busca el amor y se detiene en el placer; luego de obtener el placer se encuentra con el vacío. Lo que hay que buscar es el bien, y en el bien encontraremos el amor y la felicidadâ€.

Todos estamos llamados a la felicidad, buscando no tanto los bienes sino el bien, no tanto los conocimientos sino la sabiduría, no solo las cosas pasajeras sino las perdurables.

Es el programa de vida que nos proponía el Profeta: “practicar la justicia, amar con ternura y caminar humildemente en la presencia del Señor†(Miq. 6,8).

Estemos seguros, eso sí, que sólo es posible la felicidad con Dios al fondo.

camiloarbelaez50@ hotmail.com

 

Lucas 6,17-20-26

alma y vida

Lucas 6,17-20-26

Bajó Jesús con ellos y se detuvo en un llano. Había un gran número de discípulos y una gran multitud del pueblo, venidos de toda Judea, de Jerusalén, de la costa y Tiro y Sidón. Dirigiendo la mirada a los discípulos, les decía: “Felices los pobres porque el reinado de Dios les pertenece. Felices los que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Felices los que ahora lloran, porque reirán. Felices cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y desprecien su nombre a causa del Hijo del Hombre.

Alégrense y llénense de gozo, porque el premio en el cielo es abundante. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los profetas. Pero ¡ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen su consuelo¡; ¡ay de ustedes, los que ahora están saciados¡, porque pasarán hambre; ¡ay de los que ahora ríen¡, porque llorarán y harán duelo; ¡ay de ustedes cuando todos los alaben¡. Del mismo modo los padres de ellos trataron a los falsos profetasâ€.

Palabra del Señor




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