Educación, poder

2010-07-19 00

 

opinión

Cuando se llega a Sagres, en el extremo sur occidental de Portugal, se tiene la sensación atávica de que un poco más allá se acaba el mundo. No es extraño entonces que se diga que allí mismo se desarrollaron muchas de las herramientas que harían posible ir corriendo el límite del mundo conocido a medida que avanzaban las naos portuguesas hacia el sur. La leyenda cuenta que fue en Sagres, donde Enrique el Navegante estableció su famosa escuela de navegantes, un centro tecnológico al que atrajo los astrónomos y cartógrafos más versados de la época, que dio lugar al posterior desarrollo de la navegación de Portugal. Aunque también se dice que Francis Drake la destruyó, la escuela origen de la navegación de Portugal posiblemente nunca existió, aunque Enrique sí atrajo a la región a cartógrafos y astrónomos que les enseñaron a los marinos a ubicarse en el mar, y fue él quien impulsó el diseño de la carabela y el que generó los estímulos económicos (uno de ellos fue lamentablemente el comercio de esclavos) que incitaron a los aventureros de la época a ir buscando por la costa africana como hacerle un boquete al monopolio que tenían establecido los musulmanes que controlaban las rutas del Sahara.

Uno se aleja de Sagres con la sensación de que lo que hizo grande a Portugal (y marcó el final de la Edad Media) fue esa escuela símbolo que resume el afán investigativo de un líder, el cambio técnico y el espíritu empresarial y aventurero de un pueblo pobre que descubrió sus fuentes de riqueza en el conocimiento y el arrojo. Stefan Zweig dice en su Magallanes que "con asombro y envidia vuelve el mundo la mirada hacia el pequeño pueblo perdido en un extremo de Europa…..", que hizo posible un vasto y tenue imperio comercial.

Es posible que cuando alguien mire a Colombia quinientos años más tarde se pregunte si fueron las universidades de provincia las que le permitieron a Colombia dar el salto técnico que ha sido tan elusivo. Este pensamiento me surgió espontáneamente con la evocación de Sagres, mientras escuchaba las presentaciones de los veinte candidatos finalistas a los premios del programa Destape Futuro de la Fundación Bavaria, que aporta recursos de capital semilla en cuantías superiores a los mil millones de pesos a proyectos de emprendimiento que concursan por esos ellos.

De los proyectos presentados lo que más llama la atención es el papel de la educación como elemento esencial del emprendimiento. Aún en los proyectos con menor contenido tecnológico, el empresario es alguien que ha tenido el beneficio de haber recibido educación superior a nivel tecnológico o universitario. El otro aspecto interesante de este grupo de emprendedores es que muchos de ellos están desarrollando productos de alta tecnología, y no pocos de ellos de tecnologías que están en la frontera del conocimiento mundial, y que entrarán a competir con productos y tecnologías muy sofisticadas de países desarrollados. Es en esto donde se refleja claramente el inmenso poder multiplicador de la educación técnica a nivel universitario y lo que resalta la importancia de impulsar a Colciencias y dotarlo de mayores recursos.

Finalmente, me extrañó que entre los proyectos presentados brillaran por su ausencia los de profesionales de la Universidad de los Andes y de la Nacional de Bogotá, y tuvieran mayor presencia las universidades de Medellín, Caldas, zona cafetera y hasta Villavicencio. No es válido sacar conclusiones de esta observación pero sí llama la atención que por lo menos en el caso de Manizales, este no es un hecho aislado. Allí parece estarse gestando un "Silicon Mountain" alrededor de las universidades.




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