Correo abierto
2010-07-31 00
Señor Director:
En mi condición de aficionado al espectáculo taurino con todo comedimiento me dirijo a usted y a través suyo a la opinión pública para manifestar mi preocupación por la interpretación superficial que se le pueda llegar a dar a algunas noticias de prensa relacionadas con la prohibición de la lidia de toros que ha sido recientemente votada en la Cámara Regional Catalana, medida esta que no debe ser tomada en la forma escueta y frÃa con que la presentan algunos medios de información o sesgada y acomodaticia como la muestran otros, sino dentro del contexto de las realidades que influyeron en esta decisión, para evitar que pueda contribuir malignamente en la toma de decisiones de las altas cortes, que si bien con seguridad serán adoptadas de buena fe, pueden verse impulsadas por casos que no corresponden a nuestra realidad nacional.
No son nuevas las pretensiones de algunos sectores catalanes de buscar para su región una identidad propia tratando, por todos lo medios, de evitar compartir la cultura española. Una determinación de este tipo los fortalece, pues es una puntada más para tratar de desvincularse de algunas costumbres y tradiciones, como la Fiesta Brava, que está Ãntimamente ligada, desde tiempos inmemoriales, a la vida española. Por algo cuando en la Madre Patria se habla del espectáculo taurino, se hace referencia a la Fiesta Nacional.
No son nuevos en la historia de la tauromaquia fenómenos de este tipo, fundamentados sustancialmente en intereses polÃticos, pues recordemos como Felipe V de Borbón, Rey de España, pretendiendo ingresar dentro de la vida española las modas, los estilos y los gustos franceses, prácticamente prohÃbe las ejecuciones taurinas dentro del territorio ibérico.
El Duque D´Anjou quiso importar modas que polÃticamente beneficiaban su Reino y algunos dirigentes Catalanes pretenden desestimar costumbres y tradiciones inconvenientes para sus intereses polÃticos. Ninguno de los dos pensó en los derechos y en las economÃas de buena parte de sus gobernados.
Por otro lado tenemos que el Parlamento Catalán se abstuvo de incluir dentro de la categorÃa del llamado maltrato animal, o sea que no prohibió, lo que en esa comunidad se denomina el Bous al Carrer, que entre otras se practica en casi todo el territorio ibérico y que consiste en unos festejos en los cuales se corren toros o vacas de casta en plazas de pueblos o por las calles y se ejercen sobre ellos peores oprobios de los que dicen los contradictores de la Fiesta Brava recaen sobre el toro en el ruedo, pues las faenas estriban en enlazarlos del cuello para detener brutalmente su embestida cuando acometen contra algún torero ocasional, u otras veces encienden sus cuernos con bolas de fuego y juguetean con ellos hasta el cansancio, tirándolos de la cola con el fin de hacerlos caer y en algunas ocasiones citan al animal a la orilla de un malecón hasta que este, en su carrera persecutoria hacia los improvisados toreros, salta y termina en las aguas del mar. Pero como serÃa “polÃticamente incorrectoâ€, léase: afectarÃa el caudal electoral de los promotores de la prohibición de la corridas formales, que por ligadas a las tradiciones españolas son inaceptables para el “tema identitarioâ€, como lo denominan ellos, es mejor no tocarlas.
Ya ven mis queridos lectores porque lo sucedido en Cataluña no es más que una farsa polÃtica la cual sinceramente espero no influya en las decisiones soberanas que próximamente se habrán de tomar en la Corte Constitucional.
Jorge Gutiérrez Gómez
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