Adiós al karma de la toma, bienvenida la pujanza

2010-08-01 00
Una fogata sirvió para quemar los malos recuerdos y darle la bienvenida a una Arboleda viva y reconstruida. Niños, jóvenes y adultos, comprometidos. Homenaje a las víctimas. Ejemplo.

DIEGO FERNANDO HIDALGO

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Los niños se la gozaron en Arboleda. El pasado jueves, en la tarde, unos jugaban a saltar la cuerda, mientras otros pintaban

Y en el parque sonó el tema Nostalgia por mi pueblo, del CD de Gabriel Jaime López. Los sonidos retumbaron como ráfagas entre las montañas, pero esta vez no eran de aquellas que hace 10 años generaron dolor, sino de las que brindaron alegría, de homenaje a esos héroes que dieron la vida por su gente y que hoy, pese a que ha trascurrido una década, siguen en el recuerdo de los arboledeños.

Después de eso, a las 9:00 de la noche, la gente apostada en el parque de Bolívar aplaudió durante varios segundos. Mientras tanto, una fogata de tres metros de altura ardía sin cesar. Así querían expresar su deseo de acabar con ese triste recuerdo de la toma guerrillera, de quemar ese malo pasado y de decirle a Caldas, a Colombia y al mundo que hay que mirar es pa' lante, que Arboleda aún vive. Por eso, muchos evitan aún hablar de la tragedia.

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La fogata encendía y se apagaba. Llegó el momento en que decidió arder fuertemente y así los arboledeños mostraron su deseo

Me perdonará estimado lector (a) que arranqué por el final de lo que fue la ceremonia de homenaje a las víctimas de la toma en este corregimiento de Pensilvania (Caldas), pero quise cumplir el deseo de los arboledeños, que el pasado jueves demostraron que están más felices que nunca, tienen problemas, como los hay en todas partes, pero que eso no ha sido motivo para bajar la cabeza.

 

Todos unidos

Este homenaje, como cada año, se planeó desde meses atrás. La comunidad, la parroquia, el colegio, todos se querían unir. La tarde del pasado jueves era soleada. La soledad mandaba en el parque principal, mientras el sacerdote Ramiro Arias Quintero reubicaba al Crucificado, única imagen que se "salvó" de caer el día de la toma. La pared quedó de pie. Hoy recuerdan eso como algo especial, providencial, que los llenó de esperanza.

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El auxiliar de policía quindiano Jhon Alexander Macías, que labora en Arboleda, se mostró orgulloso de este homenaje a los héroe

El temblor de las 2:32 de la tarde del jueves alcanzó a alertar a más de uno. Lo único cierto es que se vio más gente en el parque, aunque durante pocos minutos.

El ambiente de conmemoración empezó a tomar forma después de las 4:00 de la tarde, cuando jóvenes del colegio Paulo VI llegaron con sus chamizos y faroles para ubicarlos en el parque. Allí sería la fogata y el homenaje a cada una de las víctimas.

En la incursión del frente 47 de las Farc, ocurrida el 29 de julio del 2000, perdieron la vida 14 policías y 3 civiles. Además, quedaron destruidas la iglesia, el Banco Agrario, el centro de salud, la estación de policía, viviendas, entre otras.

 

Tas, tas por paz, paz

Varias de las 18 unidades de uniformados que hoy vigilan el pueblo también llegaron a esta ceremonia. Entre ellos estaba el auxiliar de policía quindiano Jhon Alexander Macías, que horas más tarde participaría en el evento.

El verde de su uniforme y el de sus compañeros se mezcló con el colorido que a esa hora le pusieron al sitio algunos niños, quienes en carteleras demostraron sus deseos de paz para Arboleda. Pedían cambiar los tas, tas de las balas por los paz, paz de la felicidad.

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Los actuales agentes de la Estación de Arboleda no se quedaron atrás y también rindieron tributo. A la derecha aparece Diego.

Claudia, Paula, Andrea, Lorena y otros menores más prefirieron jugar a saltar el lazo; los restantes tomaron las crayolas y marcadores que les dieron y escribieron sus propios mensajes, pero en el pavimento, al pie del atrio del templo San José: "paz", "amor", "familia", fueron algunas de esas palabras. Cada uno entendía a su modo la situación.

A un costado del templo, en el punto exacto donde explotó una volqueta bomba hace 10 años, tres niños y una niña jugaban golosa, buscando coronar el cielo con una cáscara de naranja.

Más entrada la tarde, a pesar de que el sol acompañó por varias horas, amenazó la lluvia. Cinco perros no se querían perder el evento y cogieron puesto a la entrada de la iglesia, pese a que algunos ciudadanos los espantaban. Dos de los canes son amigos fieles de los policías.

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Al final de la misa se proyectó un documental de alumnos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad

En sendos costados del parque se ubicaron dos vehículos: en uno, el bus que al día siguiente, a las 5:30 de la mañana, viajaba hacia Medellín. En el otro, el camión repartidor de panes, que llega desde Sonsón (Antioquia), y se convierte en la salvación, pues muchos distribuidores no volvieron al pueblo.

Al lado de la estatua de Simón Bolívar, mientras acomodaba algunas antorchas, el profesor de música Carlos Augusto Valencia contó que en Arboleda hay un solo vehículo particular. "Es un Daihatsu verde, propiedad de don Arnaldo Ospina. Acá solo hay motos y bicicletas. Por ejemplo, en la vereda El Vergel, hay 16 motocicletas".

 

A la espera de los honores

Las antorchas ya le daban forma al esperado homenaje. Estaban clavadas y repartidas por las tres zonas verdes del parque; los muchachos ya armaban un triángulo con los chamizos y montaban un olla para el canelazo.

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Sergio Murillo y su trompeta, en el minuto de silencio.

En ese momento también arribó al pueblo el Comandante de Policía de Manzanares, Andrés Ceballos. La comunidad sintió más seguridad.

Las campanas del templo San José sonaron a las 6:20 de la tarde. El desfile de solidaridad tomó rumbo hacia el templo. Eran unas 120 personas. El padre Ramiro fue preciso en sus primeras palabras: "son 10 años de dolores y angustias que solo gracias a Dios pudimos superar. Él está con nosotros y nosotros con él".

Durante el salmo, el patrullero Vargas, que era el lector, pidió a la comunidad responder: "Dios anuncia la paz a su pueblo". Era una forma de anunciar la paz que ahora respira Arboleda.

En la homilía, el padre reflexionó sobre si era o no valedero celebrar algo que generó dolor. Su autorrespuesta fue sí, "porque debemos celebrar que en medio de las cenizas hemos resurgido, no hemos estado solos. El mal no perdura, el mal no ha triunfado en Arboleda. Triunfó el bien, la vida y el progreso".

Llegó la hora feliz, por llamarla así. El momento de dar la paz. Luego de la orden del párroco, muchos arboledeños se pararon de sus bancas y se desplazaron a los costados del templo para darles el saludo de paz a los agentes de la Policía. Una muestra de confianza, cariño y tranquilidad.

La misa terminó. Al final, se proyectó un documental sobre la toma, de alumnos de la facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales, denominado Al filo de la montaña. La exhibición fue de contrastes. Las risas invadieron el templo cada vez que los habitantes vieron a alguien conocido en la pantalla. Gozaron de lo lindo.

Esa alegría mermó cuando aparecieron imágenes y fotos de la toma, y cuando mostraron el titular de LA PATRIA del día siguiente de la tragedia: ¡Barbarie! Eso lo resumía todo.

 

El honor

De nuevo al parque. A las 8:00 de la noche apagaron las luces y, frente al atrio, la fogata prendía, pero se negaba a permanecer así. La gente la rodeaba, los niños jugaban sobre la camioneta de la Policía de Manzanares y el capacete de una chiva.

Los más jóvenes conversaban y los policías empezaban el ritual de encender las antorchas, cada una de las cuales llevaba el nombre de una de las víctimas. Ahí reapareció el auxiliar Macías, frente a la antorcha para homenajear al agente Jorge Valencia Tabares, de 34 años, oriundo de Chinchiná.

"Es un buen homenaje. Eran nuestros compañeros y debemos mantenerlos en el corazón porque trataron al máximo de defender a esta comunidad y dejar el nombre de la Policía muy en alto. Juraron ante Dios y ante la institución resguardar al corregimiento y así lo hicieron. Esto me anima cada vez más para seguir adelante y luchar como ellos", señaló Macías, mientras encendía esa luz de recuerdos.

El momento cumbre y, como dijeron muchos, punto de partida para el final de esos 10 años de dolor de Arboleda, llegó con el minuto de silencio en la trompeta de Sergio Murillo. No fue muy emotivo, pero sí bastante significativo.

Apareció el tema Nostalgia por mi pueblo , del CD del arboledeño Gabriel Jaime López:

"un 29 de julio tocó salir de Arboleda...

con la maleta en la mano...

y el corazón destrozado...

amigos yo los invito a cogernos de las manos...".

Hoy, más que nunca, todos quieren ver cogidos de la mano a los arboledeños de Manizales, Medellín, Bogotá, Cali, en fin, de todas partes, entregando el corazón por su terruño del alma y con la maleta en la mano, pero esta vez camino a su tranquilo y renovado pueblo, que los espera para las Fiestas del Arriero, del 14 al 16 de agosto.

 

El dato

Cerca de 7 horas duró el viaje del pasado jueves a Arboleda, desde Manizales. 45 kilómetros lo separan de Pensilvania.




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